MONSEÑOR JOSÉ DE LOS ÁNGELES AMAYA BOLÍVAR Y LAS LUMINARIAS DE LA CAPILLA
- Pedro Leónidas Cárdenas Fonseca
- 3 sept 2024
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Por Pedro Cárdenas Fonseca
A comienzos del siglo pasado, Monseñor José de los Ángeles Amaya Bolívar fue uno de los motivadores para la realización del templo municipal, de las casillas y luminarias en el municipio de La Capilla. Nació en 1905, en el municipio de Pesca, Boyacá. Se desempeñó como sacerdote en esta localidad por varios años, antes de ser nombrado Monseñor.

Es muy recordado por los capillenses por ser el gestor de la construcción del Templo y por colaborar con diferentes eventos de los campesinos en la época de navidad, especialmente con las iluminaciones con ceras, también llamadas luminarias en otros municipios de la región, según cuenta don Josué Álvaro Parra, oriundo de La Capilla.
Tal vez, el nombre de iluminaciones o luminarias se deba a las referencias a la “luz”, la “iluminación” y, por supuesto, a la “candela o vela” de donde viene la palabra “candelaria”. Al respecto, en la Oración a la Virgen de La Candelaria, se lee: “Con todo lo que somos obtenemos Virgen de La Candelaria, tú eres la primera portadora de luz que es cristo (…) tú eres nuestra estrella en el camino hacia el padre” (resaltado del autor). Razones que también cuentan varios feligreses y cultores de estas obras de La Capilla.
Por otra parte, doña María Selina Franco Gamboa, de 87 años, cuenta que “las luminarias se hacían en una vara de madera de magué o maguey, que era acolchonada en el centro; la abrían un poco en la mitad y le ponían velas y flores de clavellinas, que las traían del monte”. Luego, “las llevaban por las calles en las novenas”.
Otros trabajos con iluminaciones eran pesebres sencillos, pasajes de natividad, réplicas de estructuras de iglesias, por ejemplo, el Templo parroquial de La Capilla, el santuario de la Virgen de La Candelaria o La Capilla doctrinera en honor al Arcángel San Miguel del municipio; o se realizaban de alguna iglesia del Valle de Tenza o del departamento.

Para la construcción del templo, Monseñor realizó diferentes actividades: “organizaba bazares y visitaba las casas de las familias del pueblo acompañado con niños y jóvenes que cariñosamente llamaban morronquillos; con ellos, pedía colaboración económica para edificar la iglesia. Las personas que ayudaban con dinero le pegaban los billetes que donaban en la sotana”, recuerda doña Luz María Inés López Sánchez, oriunda de la población.

En cuanto a las comparsas, generalmente se ubicaban detrás de las luminarias. Las hacían en cada vereda y eran organizadas por un líder campesino. “Él se comprometía a hacer chicha de masa de maíz, envueltos de maíz pelado y arepas, que entregaba a su comunidad el día que le correspondía el aguinaldo”. Para ese entonces, también cuenta doña María Selina Franco, que “las comparsas estaban compuestas por los mismos campesinos de las veredas que se vestían con trajes típicos o los elaborados con materiales del medio, como hojas o ameros de maíz seco o con barbas o musgos”.




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